Desde muy joven, tuve que enfrentar una realidad muy común para muchos niños en América Latina, crecer sin la guía y el apoyo de un padre. Esto moldeó profundamente mi infancia y me llevó a desarrollar una visión única sobre la importancia de la conexión familiar.
Durante mi adolescencia, la falta de un modelo paternal dejó un vacío que intentaba llenar de diversas maneras. En ese proceso, me di cuenta de lo fundamental que es una comunicación abierta y una relación basada en el respeto, algo que lamentablemente no experimenté con papá y como mamá trabaja mucho para mantenernos, tuve que criarme al cuidado de otra niña, mi hermana con tan solo 4 años y algo más de diferencia.
Como adulto jovén, en mis años de universidad no fueron los mejores, no tenía claro lo que quería estudiar, así que decidí dejarme llevar por consejos de personas que no me conocían en realidad, y así desperdicie tiempo y recursos en carreras que no tenía nada que ver con mi verdadera esencia, acumule "fracaso tras fracaso" y muchas malas decisiones.
Abandone los estudios y me dedique a trabajar y a emprender, parecía que lo mío era trabajar mucho, me enfoque en lo exterior, haciendo a un lado mis necesidades, tal como en la niñez aprendí para poder avanzar.
Al casarme (28 años) y convertirme en padre, los miedos que había ignorado durante años se intensificaron. ¿Cómo iba a guiar a mis hijos si nunca tuve esa guía? La falta de ese modelo paterno me hizo temer repetir los mismos errores, pero también me motivó a buscar respuestas.
Fue entonces cuando decidí que necesitaba más herramientas. Me sumergí en el estudio del liderazgo, la inteligencia emocional y los métodos de crianza. Cada lección me ayudó no solo a mejorar como padre, sino también a sanar mis propias heridas del pasado.
Gracias a este viaje de autoconocimiento, al fin pude terminar mi carrera, ahora escucho a mis hijos con los ojos (más adelante te enseñaré de que se trata), sé quién soy, lo que quiero en la vida y decidí formarme también como psicólogo clínico.
A lo largo de los años, tomé todo lo que había aprendido, tanto en mis estudios como en mi vida, y creé un método propio de formación con acompañamiento. Este enfoque no se basa en amenazas o castigos, sino en el amor, la confianza y el respeto. Ahora, ayudo a otros padres a mejorar la relación con sus hijos adolescentes, ofreciendo las herramientas que me hubiera gustado tener desde el principio.
Hoy, mi mayor satisfacción es ver cómo las familias logran volverse a conectar y superar los conflictos, algo que me habría cambiado la vida cuando era niño. Si sientes que necesitas apoyo en la relación con tu hijo adolescente, estoy aquí para acompañarte en este proceso de crecimiento y transformación.
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